"Quisiera saber llorar como un niño para sentirme mejor hombre"
"Vivo para creer; creo para vivir"

martes, 5 de abril de 2016

Testamento





Yo, Jesús de Nazareth, viendo próxima mi hora y estando en posesión de plenas facultades para firmar este documento, deseo repartir mis bienes entre las personas más cercanas a Mí. Siendo entregado como cordero para la salvación de la Humanidad, creo conveniente repartir mis bienes entre todos. Y así os dejo todas las cosas que desde mi nacimiento han estado presentes en mi vida y la han marcado de un modo significativo:

- La estrella de Belén, a los que están desorientados y necesitan ver claro para seguir adelante, y a todo aquel que desee ser guiado y/o servir de guía.

- El pesebre, a los que no tienen nada, ni siquiera un sitio para cobijarse o un fuego donde calentarse y poder hablar con un amigo.

- Mis sandalias, que son vuestras sandalias, las de los que desean emprender un camino, las de quienes están dispuestos a estar siempre en camino.

- La palangana donde he lavado los pies a mis discípulos, a quien quiera servir, a quien desee ser pequeño ante los hombres, pues será grande a los ojos de mi Padre.

- El plato donde voy a partir el pan: es para los que vivan en fraternidad, para los que estén dispuestos a amar, ante todo y a todos.

- El cáliz, lo dejo a quienes están sedientos de un mundo mejor y una sociedad más justa.

- La cruz es para todo aquel que esté dispuesto a cargar con ella.

- Mi túnica a todo aquel que la divida y la reparta.

También quiero dejar como legado a la Humanidad entera, las actitudes que han guiado mi Vida, actitudes que quiero que guíen también la vuestra.

- Mi Palabra y la enseñanza que me confió mi Padre, a todo el que la escucha y la pone en práctica.

- La alegría a todos los que deseen compartirla.

- La humildad, para quien esté dispuesto a trabajar por la expansión del Reino de los Cielos.

- Mi hombro, a todo aquél que necesite un amigo en quien reclinar la cabeza, y al abatido por el cansancio del camino, para que puedan descansar y recobrar fuerzas para seguir caminando.

- Mi perdón, es para todos los arrepentidos, para todos los que día tras día, pecado tras pecado, sepan volver al Padre a través del Sacramento de la Confesión.

- Mi Amor... mi Amor es para todos, buenos y malos, justos e
injustos, para todos los hombres sin ningún tipo de distinción. Eso sí, siento especial predilección por los más débiles.

También os dejo a mi queridísima Madre, la Virgen María, que ahora es también vuestra madre.

Todo esto y aún más quisiera dejaros, pero sobre todo es mi Vida lo que os ofrezco. Soy Yo mismo quien me quedo con vosotros en la Hostia Consagrada para seguir caminando a vuestro lado, compartiendo vuestras preocupaciones y problemas, vuestras alegrías y gozos. Podéis venirme a visitar cuando queráis; os espero en el Sagrario.

Yo soy el Camino: os invito a que sigáis siempre el camino
correcto, ayudando también a los demás a encontrarlo.

Yo soy la Verdad: os invito a que seáis siempre sinceros y que os mantengáis unidos amando de verdad al prójimo como a vosotros mismos.

Yo soy la Vida: os invito a que hagáis la vida agradable a los demás a pesar de las adversidades.

Yo os he amado hasta el extremo y os llevaré siempre en mi
Corazón.

Jesús






jueves, 31 de marzo de 2016

Como un suspiro



Como un suspiro; así han pasado estos días de meditación y recogimiento en una Semana Santa más.
Viví mal una cuaresma de promesas incumplidas; de desvaríos sin centrar, de transcurrir días siendo sólo eso, una sucesión de claridades con tinieblas.
Pero llegó un hermoso domingo. Ese en el que batiendo palmas, vivimos con gozo la ignorancia de una muerte tan inverosímil, como injusta y anunciada.
Hermosa celebración con regusto a cortedad  aun cuando mis pies no notaron el descanso de quien pudo encontrar asiento.
Vivir la Eucaristía, es hermoso, gratificante y enormemente aleccionador. Es la razón de ser del creyente; es la búsqueda a la que tiende toda alma de bien. Y eso, sí que lo he conseguido.
Vivir en profundidad un Jueves y un Viernes que nunca serán cualquieras.
Llenarme de pensamientos, de deseos, de confraternización, de sentido a todo el sufrimiento de Quien hace dos mil años, murió por mí. Sentir que formo parte de algo y respirar inciensos como quien respira vientos de hogar.
Ese es mi verdadero sentido buscado y hallado en esos días de fiesta para unos y de paz interior para mí.
Recé, canté; canté y pensé; pensé y descubrí el sentido del cristiano.
Somos Dios con Él y en Él y siempre rodaremos hacia el Padre cuando nuestro corazón piense lo que la razón del cerebro niega como existencia; que Dios está en mí buscándome, llamando a mi puerta y acompañando mi alma y mi vida hasta el día en el que diga adiós a esta existencia para decir “hola” a la eternidad.


*Dedicado a mi Dios, con el agradecimiento de quien sabe y quiere reconocer el mayor de los sacrificios que un Amigo me puede dar; su vida para alcanzar yo esa otra que nunca acaba.

viernes, 18 de marzo de 2016

Una cuestión de peso




Nunca quise escribir tristezas; mis pensamientos no buscan nunca colores vestidos de ocre tonalidad, pero este año me persiguen los acontecimientos que invitan a caras serias y miradas empañadas de líquidos sentimientos.
Mientras esto escribo, no lejos de aquí, un hombre se debate entre la vida y esa otra vida que todos esperamos alcanzar algún día.
Un hombre, un amigo, un señor, una buena persona.
De esas gentes de apariencia bonachona y hechos que no hacen sino corroborar intuiciones.
Un hombre con el que he compartido risas, preocupaciones, reuniones, cervezas y mucha, mucha fe.
Me unen a él pocos años de conocimiento mutuo, pero existen amistades más allá de tiempos y cercanías. Nuestro nexo común siempre ha sido el Común Amigo.
Hoy es un tiempo de espera; un tiempo de tránsito hacia ese lugar que sin duda merece y le aguarda con las puertas abiertas de par en par.
Atrás quedarán familia, amigos, niños de catequesis y gentes de parroquia agradecida por su compañía, su cercanía y su forma de ser y estar.
Quería hoy, precisamente hoy, rendirle mi pequeño homenaje antes de que marche en silencio hacia un mundo mejor en el que espero nos volvamos a encontrar algún día para hacer de esta película que es la vida, otra eterna basada en hechos reales.
Me quedaré con su cara, su sonrisa de bonachón y con un pensamiento que siendo suyo, tomo prestado para decorar con orgullo de ahora en adelante este pequeño rincón de letras, cervezas y fe.


“Una pluma pesa; el amor por inmenso que sea, no”


*Dedicado a D. Pedro Rivera García, un amigo, un señor.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Debía ser así



¡Qué difícil resulta querido Amigo comprender situaciones o hechos en nuestra vida que a nuestro juicio carecen de sentido, méritos o racionalidad!
Puedo entender mil guerras, mil disputas, mil desencuentros y miles de malas acciones. Nos diste la libertad y nos corresponde a nosotros emplearla para hacer el bien o no.

Pero me torturó la incomprensión de mi falta de razonamiento para entender o al menos vislumbrar el motivo por el que un ser pequeño, una hermosa niña de sólo cuatro añitos tuviera que padecer un tumor cerebral durante más de dos años para acabar sucumbiendo a la guadaña de la siempre traicionera muerte.
En mil oraciones te pedí una oportunidad para ella; en mil cuentas de rosarios desgrané deseos de su salida a flote en esta vida; incluso te prometí ser testigo en la distancia y el anonimato del día en el que vistiendo de un hermoso blanco, te recibiera en cuerpo y alma.

Quizás escuchaste mis plegarias; quizás por un instante surgió una duda o incluso un atisbo de acceder a mi humilde ruego.
Pero no; la ciencia no pudo más y su pequeño cuerpo, tampoco.

Por eso, acudí a Ti a nuestro rincón de la pequeña capilla de siempre, para en el silencio de la noche pedir luz a mi entendimiento, claridad a mi zozobra y paz a mis sentimientos. Te pedí explicaciones; me pedí a mi mismo claridad de ideas y quizás esa fe que por un momento dejé coja en mi alma.
Y como siempre, encontré respuesta en forma de lágrimas mezcladas con una gran dosis de esperanza y paz que el dolor de su marcha me han provocado.

Porque me di cuenta que todo el sufrimiento que esta niña padeció en esta vida; todo el daño y el dolor que sus padres han tenido y tienen que soportar, se multiplicarán por infinito allá donde unas puertas se abrirán de par en par para recibirla y donde cogerás su mano para no soltarla jamás.
Sé que algún día la volveremos a ver y jugaremos, reiremos y pasearemos con ella columpiados en una felicidad sin fin.

Mientras tanto, abandono mis reflexiones, mis preguntas y mis dudas y me convenzo lleno de fe y realidad de que todo esto sucedió porque debía ser así.

* Dedicado a Elena, otro ángel que nos cuidará desde el cielo. 

miércoles, 2 de marzo de 2016

Una cruz y mil amores





Con una cruz al cuello se marchó. No pude darle otra cosa; no quise darle más.
Resulta triste retomar un encuentro Contigo después de tanto tiempo para relatar algo que ya sabes, pero no podía dejar este rincón vacío de letras en honor, en memoria de quien fue y será por siempre la persona a la que deberé mi bien más preciado:

La vida

Esa cruz que a mí un día me llevó a Tu luz, he querido que la acompañara en su despertar a Ti, a la fe, al amor que está más allá de donde la conciencia humana no alcanza pero el alma sí.

Esa pequeña cruz va cargada de plegarias, de deseos, de oraciones y de pensamientos de un mundo nuevo y sin duda, mejor.

Un mundo sin odios, sin dolores, sin envidias, sin rencores.

Un mundo, una vida de eternos gozos sin sombras.

Esa viejecita de pelo canoso que reposa para siempre a unos pocos metros bajo la tierra que la vio nacer, se lleva mucho más de mí que esa pequeña cruz.

Se lleva mi orgullo de hijo, mi reconocimiento más sincero, mil gracias y amores por lo que me dio y me sigue dando estando sin estar.

Y es hoy, precisamente hoy estando en Tu presencia en esa capilla de siempre con mi Amigo de siempre, cuando más la echo de menos.

Hoy echo más de menos que nunca sus manos, su suave piel, sus ojos claros, su risa loca, su lengua de trapo…su vida, mi pasado.

Siento como en ráfagas se encoge mi corazón aprisionado por la pérdida; no soy fuerte y no es momento de perder miradas bajo ojos anegados de lágrimas, pero la emoción me puede; soy humano y sé que sabrás comprenderme.

Vivo en la certeza que viaja Contigo y hacia Ti; pero un sentimiento de soledad me embarga ahora; ese sentimiento de quien se siente huérfano del amor más intenso que no es otro que el de una madre hacia su hijo.

Mil perdones pediría; mil te quieros le diría y mil besos le daría.

Ya es tarde, pero viviré en la esperanza de un nuevo encuentro donde se pierda la memoria y sólo exista un futuro eterno Contigo y en Ti en el que le pediré que me devuelva esa cruz y entre mil amores, cogerla de la mano como el niño que fue y el hombre que me ayudó a ser.

Hoy y siempre, esa caña, mi querido Dios, la levanto brindando por esa mujer que nunca podré reemplazar y que me deja como consuelo que cada vez que levante los ojos y mire al cielo, me hará ver no una madre, sino dos.

 

 

 


martes, 27 de octubre de 2015

Sólo un libro

Para muchos, quizás sea sólo un libro. Para otros muchos, una guía. Incluso para otros muchos, pueda resultar una ofensa. Pero para mí, es historia; para mí es humanidad, concordia, unión, reflexión y espiritualidad.

Ese libro y sólo ese, quise regalar al amigo lejano que sin pretenderlo, quizás encendió en mí un objetivo que hoy veo cumplido simplemente en su mirada, su sonrisa y su abrazo al recibirlo.
Han sido años de encuentros y desencuentros muchas veces basados precisamente en la Institución que lleva o intenta llevar a la práctica todo lo que ese libro promulga.

Pero ese libro, quizás gente como este amigo lo merezca más que muchos. Porque una persona con buen corazón, puede tener un criterio a mi juicio equivocado, pero nunca aunque pueda parecerlo, tendrá intención de herir con sus comentarios.
Reconozco que me costó Dios y ayuda, llegar a comprenderlo. Pero a día de hoy, también puedo decir, que benditas contradicciones y desencuentros, porque creo que precisamente de esos desencuentros, ha surgido una buena amistad.

Me siento en cierto modo orgulloso y muy, muy agradecido por el hecho de que ese libro le causara la reacción que le causó al recibirlo. Su indefinición, su no saber qué hacer, pero su mirada cómplice, su agradecimiento y su abrazo, valieron por mil palabras.
Hoy brindo por ese libro y brindo por mi amigo. No sé si leerá una palabra o un millar de sus páginas, pero también estoy convencido que sabrá tratarlo con el respeto y cariño que seguramente muchos de los llamados creyentes precisamente por serlo y acomodarnos en ello, no demostramos.

En esa esperanza estoy, en esa esperanza vivo desde que hace años, pensé en cumplir mi pensamiento de regalarle sólo un libro.
 
 

 
 
 


sábado, 10 de octubre de 2015

Un ángel cantó



Las cosas, suceden. La predisposición puede que también; pero por encima de todo, existe una “casualidad” que puede llegar a dejarnos marcados.

Llevaba algún tiempo sin necesidad de necesidad y aunque todavía no me encontraba en un estado de preocupación, sí que empezaba a notar que mi relación con el Colega comenzaba a ser en cierto modo, rutinaria.

Asistir a misas, arrodillarme ente un Santísimo o entablar conversación con Él había perdido quizás la frescura y profundidad que antaño me envolvía; pero haciendo cierto ese pensamiento de que “Dios me quiere”, anoche sin ir más lejos, una mano me ayudó a reconducir mi camino.

Una noche como otras, de un viernes como muchos, en mi catedral de siempre.

Un ensayo del coro de la Capilla Musical, me llevó hasta allí. Un ensayo éste en el que me reconocí como algo más que un tipo que de semana en semana acude allí a dar el cante más que para cantar. Realmente, me sentí muy a gusto mientras notas musicales con mayor o menor acierto salían a borbotones de mi garganta.

Acabar ensayo, recoger gafas, carpeta y cazadora fina abandonando sacristía, director y compañeros, fue todo uno.

Cruzar el dintel de la puerta y penetrar en el templo con dirección a su salida, ya tuvo algo de especial pues lo primero que me impactó fue contemplar los bancos abarrotados de la más rabiosa juventud que en silencio aguardaban el comienzo de un encuentro de oración con el Obispo de la Diócesis.

Una sensación me invadió a caballo entre la perplejidad, el asombro y la alegría del éxito conseguido en su convocatoria, entre aquellos que debieran ser el futuro prometedor de una sociedad esperanzada.

Un acto organizado para jóvenes. Un acto en el que yo por deferencia, no debería estar, pero del que hoy me siento muy orgulloso de decir que “yo estuve allí”.

Conforme me acercaba a la puerta de salida, algo me retenía a cruzarla con celeridad. Y fue fijarme en esa imagen del Cristo crucificado al que nada me cuesta besar, cuando a modo de voz interior me dije: “quédate”.

Quise pasar lo más desapercibido posible y pude acurrucarme en un penúltimo banco que rápidamente se llenó.

Desde allí, más que ver, escuché; más que atender, pude sentir.

Una ceremonia hermosa y sencilla, pero adornada de una respetuosidad, devoción, naturalidad y participación que realmente, me conmovieron.

Un Santísimo expuesto; personas como yo, arrodilladas en señal de respeto hacia Aquel que estoy seguro, sonreía contemplando a sus gentes, a sus jóvenes amigos.

En un momento determinado, sin pensarlo, me senté; no por comodidad, cansancio, desidia y mucho menos falta de respeto. Simplemente, lo hice.

Un acto casi involuntario; un bendito acto del que doy gracias.

Al sentarme, comenzó un cántico que hablaba de una pequeñez de alma y amor entre pobreza.

Hermosa oración que de repente llegó a mis oídos cantada por la voz más dulce, hermosa, clara y sencilla que jamás escuché.

Una voz de mujer que arrodillada tras de mí parecía susurrarme al oído una melodía y unas letras que traspasaron mi alma, como un aliento que no sentía tan profundamente desde aquella hermosa mañana en Cuatro Vientos en la que mi fe despertó.

Cabellos erizados, lágrimas a punto de saltar del precipicio de unos ojos que no sabían disimular miradas; corazón desbocado y sólo un pensamiento en mi cabeza:

“Gracias”


No quise mirar atrás; no quise identificar esa voz con ninguna cara o cuerpo y finalizado el acto, marché de allí con la certeza y el maravilloso sentimiento de que allí, anoche, un ángel me cantó al oído. 






miércoles, 30 de septiembre de 2015

El retorno

Aunque suene a la última entrega de una saga cinematográfica, así es. Quien nunca debió marchar; aquel que por más veranos, fiestas, calores y cervezas se echó a sus espaldas abandonando el camino iniciado aquí, ha regresado a ese otro calor de una barra de bar bajo el abrigo de Aquel que siempre me quiso y supo esperar.

No hay mejor amigo que el que sin estar, siempre acompaña. El que en las buenas deja su mano y en las malas, me abrazó y llenó de protección.
Verano extraño, de dolores y enfermedad a cuestas; nunca antes quizás merecieron más las letras y acciones ser escritas y compartidas aquí con Él, bis a bis como durante estos meses.

Sin embargo, opté por dar callada por respuesta. Por interiorizarme hasta el extremo de no compartir cargas y hacer más llevaderas las contrariedades.
Risas hubo; fiesta y boato, también. Músicas, bodas, brindis y jolgorio, no faltaron; pero sentado hoy en el mismo banco de siempre a altas horas de la madrugada, miro fijamente a mi Amigo y me pregunto:

Escudado en el verano ¿yo también te abandoné?
Y la respuesta a modo de pelota que golpea la pared y me devuelve el golpe, es que sí.

Nunca es tarde para recapacitar, ni pronto para pedir perdón.
Vuelvo al Amigo; regreso a esa charla que nunca debí dejar.

Retorno al sabor de la cerveza acompañado de quien mejor sabe beber conmigo:
 
“Mi Dios y sin embargo, Amigo”
 
 

viernes, 3 de julio de 2015

Rezaré



Mal está el mundo Dios; muy mal. De política, mejor ni hablamos. Entre los que gritan ahora que nos quieren quemar como en el 36 y los que van cortando cabezas a todo aquel que no piense como ellos sin que el resto de los países hagan nada para evitarlo, da miedo casi salir a la calle.

Pero todos esos que ahora gritan, se pavonean, insultan, menosprecian, se ríen y nos señalan con el dedo, no han contado con algo que los cristianos tenemos como la mejor arma posible ante tanta sinrazón.
No se dan cuenta que esa muerte que tanto nos desean; ese sufrimiento que tanto nos quisieran infligir, no es más que un paso quizás doloroso pero nunca definitivo para los que creemos que al final tendrá una recompensa infinitamente mayor a ese sufrimiento que cuatro energúmenos sin conciencia nos quieren aplicar.

Sin embargo, el odio, la ignorancia, la falta total de ética, educación o valores que a mi entender (que no juicio) demuestran con su actitud, toda esta gente, en un principio me provocaban un sentimiento de repulsa, enfado e incluso odio hacia ellos, pero después de recapacitar, sólo me queda un sentimiento de lástima e incluso cierta indiferencia ante tanta insensatez y si me apuran, casi, casi incluso agradecimiento.
Agradecimiento, porque la adversidad a un buen cristiano siempre acabará haciéndonos aún más fuertes.

Y aunque les moleste, desagrade, o por qué no decirlo les joda, incluso por ellos, también rezaré.

sábado, 23 de mayo de 2015

Pentecostés




Ven, Espíritu divino, 
manda tu luz desde el cielo. 
Padre amoroso del pobre; 
don, en tus dones espléndido; 
luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo.



Ven, dulce huésped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.



Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquécenos. 
Mira el vacío del hombre 
si tú le faltas por dentro; 
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.



Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo, 
lava las manchas, 
infunde calor de vida en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero.



Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos; 
por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito; 
salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. 




Amén.



martes, 5 de mayo de 2015

Empeño

En vista de eso, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la honradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, al cariño fraterno el amor.


(Extraído del comienzo de la segunda carta del apóstol San Pedro) 


¡Qué difícil me resulta! Aún más cuando llego al punto de creer más en lo que no veo que en lo que me rodea...

lunes, 20 de abril de 2015

En un rincón




En un rincón, acurrucada, amedrentada, incomprendida y olvidada, casi no se atreve a salir.

Muchos le hicieron daño. Muchos fueron los que se alejaron de ella y ninguno se atrevió a mirar atrás mientras la abandonaban sin piedad.

¿Qué mal causó? Sólo quiso hacer el bien. Sus ojos vidriosos aún esperan una mano amiga. Alguien que llegue a comprender entre tanta incomprensión.

De nada sirvieron sus súplicas. Sus llamadas dejaron de ser escuchadas y  toda su grandeza, toda su bondad, acabaron en el ocaso del olvido.

La dulzura de sus palabras, dejaron de calar hondo en el corazón del hombre.

Un hombre demasiado ocupado en sí mismo. Un hombre perdido en el egoísmo, la egolatría, la política, el dinero.

Un corazón de piedra escudado en sus propios miedos que no quiere dejar pasar nada que se engalane con el vestido de la humildad.

Por eso la abandonó. Mil excusas le bastaron para no fiarse de ella y prefirió dejarla al margen de su existencia.
Pero ella, aún siendo abandonada, siempre encontrará un momento de perdón, de reconciliación, de cobijo en su regazo. Porque su luz, nunca se apaga y su casa siempre permanecerá abierta.

Y hoy, en estos malos tiempos que nos ha tocado vivir, más que nunca, necesito cobijarme en ella. Necesito su calor, su tierno abrazo.

Y sé que esas dos manos que ofrezco, las apretará con fuerza, me mirará a los ojos y una luz de esperanza se reflejará en ellos.

Porque la fe, con todas sus caras, es así. Sólo dos letras que irradian una luz entre tanta oscuridad.

domingo, 5 de abril de 2015

El corredor

Toda su vida estuvo marcada por el esfuerzo, por un afán de superación, por alcanzar metas. Día a día, se entrenó para ello.

 Compartió penurias, alegrías, éxitos y también fracasos. Muchas veces, tuvo que entrenar solo; pero no le importaba, porque en el fondo, sabía que todo gran esfuerzo requiere también el sufrimiento de la soledad.

Poco a poco, fue destacándose de los demás llegando a ser punto de mira de esa mala compañera de viaje llamada envidia.

Muchos fueron los que le envidiaron; otros, le adoraron; los más, ni tan siquiera habían oído hablar de él, e incluso algunos, recelaron, murmuraron y llegaron a odiarle. Pero su dignidad, su bondad, humildad y una infinita dosis de paciencia le llevaron a no cejar en el empeño y siguió entrenando con más y más fuerza para llegado el gran día, cruzar la meta como gran triunfador de la carrera más dura e ilusionante a la que se inscribió.

Los brazos abiertos, abrazando el mundo. Los brazos en alto, en señal de triunfo; la mirada agónica, dulce y compasiva a la vez, de quien llega exhausto a la meta, sintiéndose y siendo el gran vencedor.

No sonaron aplausos, mucho menos ovaciones y nadie se atrevió a colgarle una medalla; ninguna bandera se izó y ningún himno sonó, pero ese corredor ganó y nos hizo ganar la carrera más importante de la historia:



LA VIDA ETERNA